diumenge, 12 de juliol de 2015

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«[la gloria] me parece que es un derecho que uno compra en la librería.»

«El acto de locura por el que se ven todas las perfecciones en el objeto amado de llama cristalización en el círculo de (...)»

«Observé una vez cómo un pastor de los chalés suizos se pasaba tres horas con los brazos cruzados, contemplando las cimas cubiertas de nieve del Jungfrau. Para él, era una música. Mi ignorancia me acerca a menudo al estado de aquel pastor.»

«Mi emoción es tan profunda, que casi roza la piedad. La religiosa oscuridad de la iglesia, la sencilla carpintería de su techumbre, su fachada sin terminar, todo ello habla intensamente a mí alma.»

«Me conduce hasta allí y me deja solo. Allí, sentado en el reclinatorio, la cabeza echada hacia atrás y apoyada en el respaldo para poder mirar al techo, las Sibilas de Volerrano me proporcionaron seguramente el placer más intenso que me haya dado nunca la pintura. Estaba ya en una especie de éxtasis por la idea de estar en Florencia y por la proximidad de los grandes hombres cuyas tumbas acababa de ver. Absorto en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba por decirlo así. Había llegado a ese punto de emoción en el que convergen las sensaciones celestes provocadas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Al salir de Santa Croce, el corazón me palpitaba con fuerza, eso que llaman nervios en Berlín; la vida se había agotado en mí, caminaba con miedo a derrumbarme.»

«Tras salir de San Lorenzo, erraba al azar por las calles; contemplaba, sumido en una emoción muda y profunda (los ojos muy abiertos y sin poder hablar), aquellos palacios (...): son fortalezas.»

«Me sentía feliz de no conocer a nadie, y de no temer verme obligado a hablar. Esta arquitectura en la Edad Media se ha apoderado de toda mi alma; creía estar viviendo con el Dante. Seguramente hoy no me han venido a la cabeza ni diez ideas que no pudiera traducir con un verso de aquel gran hombre. Me da vergüenza contar estas cosas, me harán pasar por un egotista

«como si me hubiese podido cruzar con ellos a la vuelta de cualquier calle, evito dirigir la mirada a los hombrecillos borrosos que pasan por estas calles sublimes, impregnadas aún de las pasiones de la Edad Media.»


«Uno ve las obras maestras de las artes alumbradas por la energía de las pasiones, y cómo después todo se vuelve insignificante, mezquino, deformado, cuando la tempestad de las pasiones deja de inflar la vela que debe poner en movimiento el alma humana, tan impotente cuando está sin pasiones, es decir sin vicios ni virtudes.»

Roma, Nápoles y Florencia. Stendhal. – Editorial Pre-textos